domingo, 28 de octubre de 2012

De viaje con alguien racista ¡Qué guay!

Acabo de volver de Milán. Y estoy cansada, así que me he decidido a narrar algo sobre mi viaje. Podría contar cómo veo a Milán en estos momentos, y compararla con la ciudad que recuerdo de hace 20 años, o narrar compras, o visitas a museos... Pero prefiero centrarme en un aspecto nuevo descubierto recientemente: ¿qué pasa cuando te vas de viaje con alguien aquejado de un racismo leve?
No es coña, no. Esto va en serio. Cuando digo racismo, que nadie se imagine a un nazi con una esvástica colgada del cuello. Hablo de alguien normal, como yo misma podría ser. Creo que incluso antes era así, allá con 16 años, pero tanto viaje y tanta maravillosa gente te curan de estos males. Eso, y una actitud que siempre me ha definido: amor y confianza en el prójimo. Yo hablo hasta con las farolas fundidas, y nunca me ha ido mal. Hombre, me habrán timado alguna que otra vez, inevitable. Pero mi constancia del timo es pequeña. Es decir, recuerdo haber comprado algunas mierdas en EE.UU. deslumbrada por la tienda, y en África, y en cualquier parte. Pero recuerdo siempre la amabilidad de cualquier sevillano que me hacía de cicerone, los hindús cachondos que me invitaban a ron, y la hospitalidad americana, impagable y sin igual. Y la simpatía de África, donde da igual quien seas, siempre hay una sonrisa y un apoyo para lo que necesites.
Bien, esa es mi naturaleza, pero... ¿qué pasa cuando viajas con alguien cargado de prejuicios racistas? Prejuicios que no son graves como digo. Se limitan a señalar cuestiones que muchos dan por hechas, y que, después de dos años trabajando en seguridad conozco muy bien, porque en un negocio (en mi caso en varios, muchos outlets) se cumplen. Lo cual no quiere decir que siempre se cumplan en cualquier circunstancia. Es más bien una cuestión de lugar. 
Bien, todos sabemos lo que son los prejuicios, y lo que se dice sobre negros, moros, y demás personas...
Viajamos a Milán con alguien que sigue los prejuicios a pies juntillas. El primer prejuicio: cuidado con los italianos, que roban. Recomendación de la persona: lleva maleta dura, y ciérrala con llave, que te van a robar.
¿Qué me van a robar? ¿Los salvaslips? Porque de los artículos que llevaba era lo más caro. Tres bragas de baratillo, un pantalón negro de vestir que lleva conmigo unos 6 años (bien conservado, sí, pero se ve que es viejo) y dos camisetas de las de a seis euros la docena. O me roban el desodorante, o los salvaslips. Hombre, llevaba los cables de la cámara de fotos y del ipad. Tal vez eso, pero vamos... puesta a elegir, me quedo con los salvaslips y el desodorante.
Mi maleta llega perfecta, sin arañazo ninguno. La maleta rígida de mi acompañante, hecha unos zorros. 
La siguiente: cuidado cuando salgamos a la calle, que hay que vigilar todo: especialmente a los negros, que vienen a robar. Realidad: los negros eran todos los encargados de seguridad de todas las tiendas. A mí me inspiraban más desconfianza algunos italianos de sonrisa engatusadoramente taimada, pero como en estos sitios tengo por costumbre llevar el bolso por debajo del abrigo, o me desnudan, o simplemente es imposible robarme nada. Me consta que había robos, y en el metro había que andar con mil ojos, pero con cualquiera que se te acercase en hora punta.
Pero la auténtica diversión vino en el tranvía. Porque, seamos serios. No soy Heidi, y mi acompañante tampoco lo es. Sabes hasta dónde se puede confiar uno en esta vida, y la diversión no viene tanto por los peligros que acechan, que todos sabemos cómo combatirlos, sino por los prejuicios idiotas. Montemos en un tranvía con alguien cargado de prejuicios en Italia.
Los boletos de que se te siente alguien al lado de aspecto cetrino son altos. Sicilia es parte de Italia, y de la misma forma que yo no me extraño de ver gitanos y andaluces morenos en mi ciudad, a ellos tampoco les extraña un siciliano. Y, impepinablemente se van a sentar al lado de la persona con prejuicios, porque si se sientan a mi lado, ni me entero. Cuando se bajan, comentario: olían a humo, qué asco, seguro que eran gitanorros, espero que no me hayan pegado nada de bichos, encima con la de gente que iba en el vagón, teníamos que ir pierna con pierna, y daban calor... La sonrisa es inevitable.
Siguiente viaje, y siguiente prejuicio. ¿Alguien ha oído esto de que los italianos son guapos y siempre visten y huelen a perfume caro? Tengo sonrisa de gato de Chesire. Es una idea bastante correcta... pero no infalible. Al lado de la persona con prejuicios se va a sentar, indefectiblemente el único italiano cutre, fumando en pipa y hablando solo. Mr. Pepino, cabeza igualica a un pepino, calvorota, apestando a tabaco barato y hablando sólo.
Cuando se baja, protestas de mi acompañante... ¡Qué asco! Mira que hay italianos guapos, y se tiene que sentar esta especie de vegetal apestoso junto a mi, creía que me moría. ¿Y no está prohibido fumar? -Le señalo que la pipa estaba apagada- pero es lo mismo, olía a tabacazo.... Una carcajada, y la sonrisa permanente todo el día.
Pero claro, uno coge el transporte público más veces... Y ahora les toca a los asiáticos Había a patadas de chinos y japoneses. Turistas, como nosotras. Y como buenos turistas, iban idiotizados,: te pisan, piden disculpas. Te empujan, piden disculpas. Y en el tren, como tienen que mirar la guía de los sitios que van a ver, sin darse cuenta, te tiran encima lo que han comprado porque la bolsa -mala suerte de la persona con prejuicios- revienta. Piden disculpas, amablemente les ofrezco una bolsita que llevo siempre en el bolso para los imprevistos, y fin. ¿No? La persona descubre que los asiáticos, lejos de la imagen de gente educada, son gente normal, y empieza a ver chinos - nombre genérico a partir de ahora- por todas partes. Todos ellos cargados de mala leche y estupidez, que siempre la pisan, golpean y maltratan para su horror.
¿Y qué me dicen de los árabes, más popularmente conocidos como moros? El horror que descubre alguien que lleva seleccionando un montón de pijadas en un chiringuito es terrible cuando ve que el dueño es un moro. Inmediatamente empieza a revisar lo que le cobra, y el colmo es que se equivoque en las vueltas. De nuevo, estas cosas le pasan a la persona racista, porque a los demás se nos olvidan estos errores humanos. Y, según llega al hotel, dice que todo huele a moro, echa colonia en aquello que lo admita, y lo que no lo admite, se queda a la fresca en la ventana del hotel, esperando al final de la cuarentena para poder entrar a formar parte del resto de objetos "tocables".
Y llegamos al punto final de la historia. Último viaje en tranvía, mil y una bolsas de compras. Y de nuevo, gracias a mi habilidad en placar a la gente y aposentar el culo en sitios insospechados, estamos sentadas. Sube y baja gente, y el tranvía queda vacío. Hasta que se sube un porrón de personas, y con las prisas, un italiano torpón -pero este bien vestido, perfumado, y guapo que te cagas, supongo que porque no soy racista- se me cae encima, y como no, una que además de ser una señora está cachas, le ayuda a incorporarse, lo sienta, y le dice en un italiano algo macarrónico que no pasa nada. Que me encanta meter mano a los italianos... Bueno, eso último lo pensé, pero no lo dije. El tipo estaba bastante cachas. Bien. Mi acompañante a punto de estallar de la risa, porque yo había tenido que soportar al torpe de turno finalmente, aunque no era chino, ni negro ni nada. Un rubio del norte, italiano... La duda corroe a mi acompañante. ¿No te habrá robado algo de las bolsas, verdad? Si, creo que me ha mangado las bragas, o tal vez un jersey de cachemira con elastane... Lo único de valor que llevo son unas copitas de coleccionista (y eso, voto a bríos, me costó un ojo de la cara), pero van bien a resguardo en mi bolso, protegido por mi abrigo. Verás como luego al llegar al hotel... Al llegar al hotel, en la calma de la habitación revisamos todo. No faltaba nada, y sólo quedaba en mi abrigo un leve rastro del perfume del rubio, creo que Doce&Gabanna... Una deliciosa impresión en mis sentidos, todavía al alcance de mi olfato.

Como digo, viajar con alguien así es una diversión constante. Todo el mundo es un timador en potencia, y sus miedos le hacen decir tantas paridas por minuto, que no puedes evitar reírte de todo y por todo. Al llegar la noche, sales a fumarte un pitillo (estrenando jersey de cachemira con elastane), y no puedes dejar de pensar que el mundo sin prejuicios sería mucho más justo y normal, pero notablemente aburrido. Siempre hace falta alguien con un toque paranoide para que la realidad prosaica adquiera el aspecto de las doce pruebas de Hércules o del viaje de Jasón y los Argonautas. Cada persona es una nueva prueba de valentía para esta gente, mientras que para tí es un nuevo posible amigo. Cada persona es una maldición, para tí, una aventura. Oyes a un italiano, taxista, reír con sus compañeros por alguna chanza, y realmente te ríes con ellos. La vita é bella.

sábado, 13 de octubre de 2012

Heroínas de pacotilla...

Acabo de terminar de ver la película resident evil 5. Si, masoquismo puro, puesto que de toda la saga, la única que merece un poco la pena es la primera, al menos desde mi punto de vista. El resto, es repetición de monstruos y personajes, pero al final, cuando has visto todas, acabas yendo a ver la siguiente, por la pura inercia de que no se diga, en la triste espera de que sea la última, le pongan punto final a la dichosa saga, y con la vana esperanza de que por fin se carguen a la protagonista y una ola de zombis victoriosos sea la última imagen de tu retina.
No ha habido suerte. Claro que tampoco ha habido suerte para ellos, porque no he ido al cine, cosa que es muy rara que yo haga, pero mi intuición me decía que si estamos en la 5, habrá 6.
Bien, lo que me sorprende es que esta especie de bazofia tenga éxito. Y no tanto por la temática o el argumento, sino por cansinidad. Todos sabemos lo que es un zombi, y lo que puede costar matarlo, según la saga que elijamos. En esta, son resistentes de carajo. Y los malos son malísisimos.... Aparte de algo subnormales, porque yo no me inyecto mierdas, aunque me garanticen que voy a ser superman. Y sin garantías, mucho menos.
Pero lo que me pasma es que siga teniendo tirón una película que cada vez ha dado un giro más tremendo hacia la acción, de tal forma que la protagonista se tira los 85 minutos de peli (92 oficialmente) a leche limpia, y ni se despeina, ni le duele, ni nada de nada; y eso que ahora no es una mutante, como en la segunda película y siguientes. Será porque yo con cinco minutos de carrera a toda pastilla echo la primera papilla, pero estas peleas que se ven ya rozan el esperpento. Y si añadimos un sentido maternal de pega, pues como para mingitarse encima. Ojo, que el argumento es para alucinar: la Jovovich es fundamental para algo (que no se revela hasta el minuto 84, así que ni lo digo) y la quieren rescatar de las entrañas de una especie de maxi búnker en Rusia. Ya, el resto es cómo salen del búnker, y monstruos variados. Voy a rodar una peli contando lo que hago desde que me levanto hasta que llego a la cocina a desayunar en clave de acción, y fijo que me queda más logrado. Imagínense una escena donde lanzo las naranjas al aire y las corto con un sable... Pues esto igualico, pero en versión zombi.

Hecho de menos esas películas en las que las tías no eran máquinas de pelea, en plan, soy-igual-que-un-tío-pero-sexy, y hasta se las veía cansadas, sudorosas, y buscaban alternativas inteligentes a medirse a puños con alguien. Hasta la pelea final, claro, que esa siempre estaba. Pero a ninguna tía he visto que la pateen en los higadillos y se ponga de pie. Hasta yo, que me lo hicieron una vez, necesité unos segundos para recuperar aliento, y eso que soy un mal bicho. Y en esos segundos ruedas y te alejas a toda leche, porque si te meten otra, no la cuentas. Aquí no... Encajan más balas que un muñeco de plástico en fábrica de armamento,  siguen peleando que te quedas mirando la pantalla y piensas que ni el conejito de duracell tiene tanta batería, y además, como el mejor James Bond, ni se despeinan. Y siempre con pose sexy, y mirada dura. 
Parece que para ser una tía según los cánones de esta saga tienes que ser perfecta de físico (no hay gordos, será que pasa como en bienvenidos a zombieland, que son los primeros en caer), vestir con vestidito sexy o traje de dominatrix (lo dicen el la peli, y se ve constantemente), y tratar de salvar a todo el mundo, aunque sepas que es imposible. Tu sigues peleando, porque ni te enteras del dolor.
Hombre, he visto las pelis de Conan, y me consta que el tío tiene aguante, pero se le ve de juerga, mamándose, y hasta palma. Y juraría que el tío intenta evitar el combate en la medida de lo posible. Y en versión femenina, me gustaba más Sarah Connor, personaje duro donde los haya, sobre todo en la segunda peli, que tiene su aguante, pero entra dentro de lo aceptable. Y también sabe que algunas veces es mejor echar patas.
Aquí no... Todos presentan batalla, y hay que tratar de salvar al máximo posible de humanos, aunque eso suponga un riesgo para el 100%, y, lo que puede ser doloroso, acabar devorado por zombis. Nadie se despeina, todo está fetén, y pese a que la chorba se lo curra, el malo (la corporación o el científico chiflado de turno) tiene más recursos que MacGyver en una ferretería. Y siempre ganan.
Menos mal que estas pelis son para pasar el rato, porque cualquier intento de verla supone que desees ser cualquier cosa que no sea mujer. O esa clase de mujer. Y rezas para que al subnormal que pergeña estas estupideces le dé una neuralgia del trigémino, a ver si deja de plantear estas mierdas.
Me voy a estudiar, porque yo no peleo con estos zombis de la peli. Desgraciadamente, las mujeres que conozco tienen trabajo (o lo buscan, o estudian), patas de gallo, celulitis, varices y demás mierdas, y consideran que la ropa que se ponen tiene que ser cómoda para aguantar el día, y aceptable para el tipo de trabajo que desempeñan. Y si alguien les toca las narices mucho, no se cortar en dar una contestación que le deja al bicho de turno patidifuso. Y se despeinan. Mucho, porque no son heroínas de pacotilla, imágenes más falsas que una moneda de 7 euros y medio para satisfacer mentes aburridas.


domingo, 30 de septiembre de 2012

Parada y fonda

He tenido un fin de semana algo... atípico. Por una serie de coincidencias que no vienen al caso, he andado vagueando, sin rumbo fijo, por internet y por casa. Durmiendo tarde y mal, pero sin hacer lo que me pedía el cuerpo, que era salir a tomarme unas copas al bar de siempre, con los parroquianos, y echarme unas risas. Volver a ver al grupo de cincuentones, y aprender cosas nuevas. Esquivar a mis borrachos preferidos para que no me den la lata (es como un deporte de riesgo ya). Tomarme un montón de copas con la complicidad de la noche, y la calma que sólo se puede tener en un garito un miércoles noche. Y si había movimiento, mudarme a algún otro sitio más tranquilo, que los conozco.
Tampoco debería quejarme, he estado leyendo a Terry Pratchett, cosa que siempre es un consuelo para el alma. Y vagueando.
El miércoles defiendo mi tesis, y todavía no he dado los últimos toques al power point. He empezado nuevos estudios, me meteré con el doctorado en breve...
Y pese a todo, necesito salir y relajarme a mi manera. No puedo pensar con claridad ya. Echo de menos esas salidas en donde simplemente me muevo por un instinto elaborado de juicio rápido, y peligrosidad de verte atrapada en las redes de un coñazo nocturno. Los cambios y su influencia ya han pasado a un segundo plano, y ahora busco ese retorno a mi centro de gravedad. Pero, pese a todo, ahora veo que el poso final que me han dejado todas las cosas es una cierta carga de cinismo que antes no tenía, y capacidad de callar/hablar con un poco más de acierto. Ambos logros son interesantes, porque he moderado algo mi capacidad de ser políticamente incorrecta, y porque consigo decir algo ambiguo cuando me enfrento a situación que, indubitablemente están fuera de toda ambigüedad.
Pero hoy necesito una copa, aunque no salga a compartirla con nadie. Simplemente el placer de beber porque puedo. O tal vez no pueda, pero hago el esfuerzo, en vez de seguir despistojándome con problemas. Y es que antes decía muchas cosas, tipo: "no te estreses; cuando alguien hace todo lo que puede, no está obligado a más; cuando es necesario descansar, no se deben buscar peros, es como si dices que tienes tanta prisa que no puedes parar a echar gasolina en el coche, aunque pite el depósito..." Ahora no las digo. Ahora simplemente digo que hay que cumplir con lo que uno se compromete, y si no, haberlo pensado antes. También digo que el estrés es un invento de vagos para justificar su vagancia (con excepciones notables).  Y que uno parará cuando vea el momento adecuado, o si no le pararán sus circunstancias, como por ejemplo, un infarto.
Bien, bueno, no lo digo en voz alta constantemente, pero sí lo pienso, y si se me interroga muy directamente, por ejemplo pistola en mano, lo suelto. También lo suelto si alguien me cuenta sus miserias durante más de media hora sin callarse ni siquiera para tomar un sorbo de café.
Pues el momento de parar acaba de llegar. Ya apañaré la defensa mañana. Ya estudiaré etc. Pero en estos momentos, se impone una parada. Ni libros, ni dioses, ni mas música que la que suena por el spotify.
¿La semana que viene? Cerrar cuestiones pendientes. Una copa para celebrarlo el viernes, y empezar a meterme en el ajo nuevo que me toca.

martes, 10 de julio de 2012

¿Cambias o te cambian? 2

Y es en estas dudas donde te pierdes. ¿He cambiado, todo lo que me ha pasado me ha cambiado, o simplemente estoy absolutamente embobada de tanto cambio a mi alrededor y por eso voy dos marchas por detrás de cómo iba?
La respuesta a esta pregunta me imagino que dependerá mucho de la persona y las circunstancias. Y como decía en la primera parte, cada persona es un mundo. Recordaba a una compañera, y apostaba a que no había cambiado nada, y que simplemente demostraba lo cabrona que era hacia el final del máster. Es mi forma de ver las cosas, y juzgo tal vez fría y duramente, pero es que nunca he destacado por una comprensión de alma caritativa con determinadas cuestiones. Vamos, que soy bastante fría y dura.
Pero... ¿y yo misma? Porque no nos engañemos, siempre la gran incógnita somos nosotros mismos.
¿He cambiado o me han cambiado?
La duda flota en el aire. Mis amigas, después de una reunión con ellas, no han dicho nada. Supongo que si no dicen nada es porque en una cena no da tiempo a ver cambios, y porque si encima es mi cumpleaños, muestro mi cara más juerguista y amable.
Por parte de mi familia, no he notado tampoco nada. Ni mi gato siquiera ha dicho nada, y eso que es muy expresivo en maullidos.
Visto así, si ha habido cambios, o bien nadie dice nada, y creen que es por necesidades de adaptación y/o los asumen, o bien no ha habido ningún cambio importante.
Pero cada nueva situación me lleva mucha más reflexión, mucha más duda, y mucha más prudencia. Cosas que antes hubiera ventilado de forma rápida, ahora todavía quedan flotando en el ambiente, no tanto esperando a que me decida, sino más bien asumiendo que mi decisión es no tener ninguna decisión concluyente.
Y no es que haya perdido fuerza en las respuestas, puesto que sigo siendo desagradable cuando es necesario. Simplemente no veo claro cuando es necesario, ni tampoco veo esos momento claros de juerga y felicidad. Eso, o es un cambio en mi, o bien es un momento de crisis que pasará. En cualquier caso, el tiempo será el que me diga si cambio o no, o si me han cambiado.

¿Cambias o te cambian? 1

La vida no es dura, es simplemente como nosotros decidimos afrontarla. Aquí ando, con ordenador nuevo, y frita porque aunque sea un mac y sea tirado pasar los datos de un ordenador a otro, configurarlo etc. no me gusta dedicar tanto tiempo a los ordenadores. Cualquier otra persona estaría encantada de poder disfrutar de un nuevo aparato, yo ando amargada.
Lo único que se salva es que la pantalla es tan enorme que ya no necesito ni encorvarme para verla ni acercarme, y puedo estar cómodamente estirada tecleando sin agobios. Eso y las correcciones de mis errores tipográficos, que por lo que he podido comprobar no están nada mal.
Pero todo esto no quita el curro que me espera, y el que me he quitado ya de sincronizar el mac con el móvil. 
Veremos cómo encaro hoy la tesis y demás cosas que tengo pendientes. Lo que sí se debe decir es que aunque pueda parecer una tontería, muchos cambios a la vez te pueden trastocar. En un periodo te tiempo muy corto de tiempo me han pasado muchas cosas... Y eso hace que siga siendo igual de amargada, claro, o igual de optimista, pero con algo más de filosofía.
¿Sigo siendo la misma persona que hace un año o he cambiado?
  • He dejado de protestar por los móviles, y hace cosa de dos meses (si llega) me compré un sony-ericson xperia arc, pasando de renegar del whatsapp y demás aplicaciones a hacer uso de ellas. Que nadie se confunda, no me he vuelto adicta. 
  • He dejado de defender portátiles, y me he pasado a un Imac de 27 pulgadas, que mi espalda y mis ojos ya agradecen como agua de mayo frente al Ibook protohistórico de 13 pulgadas.
  • He dejado un máster cuasi-terminado, falta la tesis, que me queda para todo este verano.
  • Sigo buscando trabajo, pero con ciertas esperanzas frente a lo que tenía antes, que era pura desolación y desesperación.
  • Tengo una colaboración en un disco de música, sigo estando en el grupo de folk, y tengo que trabajar bastantes cosas. Vamos, que puede que ahora con tiempo, tenga una etapa de estudio y creatividad.
  • He pasado de andar de solterona feliz a tener un novio cercano, a que se me quede el novio a 450 km...
  • Y en este último año he pasado de cobrar mi sueldo (paro) a depender  de la familia hasta para la comida si no me mandaban dinero, a volver a casa y no necesitar dinero a no ser que salga a comprar algo.

Hay más cosas que han cambiado, claro está. Y la mayoría de las que cuento han ocurrido en los últimos 6 meses o menos. Si estos cambios hubieran sido escalonados y en más tiempo, no me hubiera ni dado cuenta. El ordenador me lo pedía la vista y el cuerpo para la tesis, pero me molesta porque todavía ando estudiando el móvil nuevo, y al volver a casa tengo que ocuparme de todo el sistemas windows de la familia. Es un ejemplo, pero lo mismo se puede aplicar al resto de cosas. Y falta todavía la entrada de un nuevo violín, un stroh. Para terminar de añadir cosillas.
¿Se sigue siendo la misma persona después de tantas cosas, o se cambia? Durante el máster tuve una compañera que cuando empezó me dio una imagen, y al terminar me dio otra diferente totalmente. ¿Sería que, como a mi, se le acumularon las cosas, o por el contrario, simplemente supo disimular lo zorra que era? Yo no lo sé, apuesto por la segunda opción, pero nunca puedes jurarlo.
Creo que básicamente sigo siendo la misma persona, con algunas tecnologías más bajo sus dedos, y algunos conocimientos más incrustados en las neuronas. Pero la duda queda flotando en el aire, porque frente a las situaciones que se me plantean, antes tenía mucho más claro qué hacer, y ahora dudo entre varias opciones... Al menos durante unos segundos.
CONTINUARÁ

domingo, 24 de junio de 2012

Fin del Máster

Bueno, última semana de permanencia en Madrid. El máster ya casi acabado. En breve saldrá la nota de las prácticas, y sólo queda la tesis, que la he dejado para septiembre. Finalmente, he dejado de fumar después de varios intentos fallidos. Al final, cuando terminé todo, y después de unas copas, decidí que ese era el momento que había estado buscando: fin de preocupaciones gordas, acuciantes e inminentes. Poco dinero para gastar, tesis como espada de Damocles que fuerza a quedarme en la residencia donde nadie fuma ni venden tabaco un par de semanas más. 
Así que para completar mi escasa fuerza de voluntad, me descargué en mi teléfono nuevo una aplicación que te va haciendo de contador de tiempo sin fumar y logros obtenidos. Hasta este momento, puedo decir que llevo ocho días y 17 horas y media sin fumar. No es muy impresionante, ¿verdad? Por eso hay otros datos más interesantes... Según el contador de cosas, que configuré con mi cantidad de cigarrillos que fumaba al día, y lo que me venía costando el paquete, estos ocho días suponen 130 cigarros que no he fumado, y un ahorro de 26,65 euros, que coincide exactamente con lo que me dejé el viernes en una compra de minerales para mi colección. Etc. Tengo un listado de logros tan impresionante que hace que en vez de parecerme que lleve ocho miserables días sin fumar, parezca que estoy salvando al mundo.
Además de esto, he decidido ponerme a dieta. Bueno, mi organismo ha decidido que tengo que ponerme a dieta, porque si no me castiga con piernas hinchadas y picores. La falta de ejercicio y el estar tanto tiempo sentada me han matado. Aquí de momento voy capeando el temporal. Al menos ayer no pude atiborrarme, y hoy tampoco. La cafetería está de obras y cierra a media tarde, y no tiene comidas más que pizzas. Así que ando a batido de biomanán, y con una ansiedad que mataría por un cigarrillo... o en su defecto, un buen bocata de chorizo. Pero no hay nada. Si sobrevivo a estos últimos días que me quedan, creo que definitivamente he pasado una de las experiencias más horribles de las que me tocará hacer frente. Sin comida, sin tabaco, sin alcohol, con el novio trabajando, y encima lo abandono cuando vuelva a casa... 
Eso si, tengo claro que cuando llegue a casa pienso tomarme un buen gin-tonic, perfectamente preparado. He dejado de fumar, pero no de beber, que nunca me ha dado problemas. Y una buena mariscada, a base de buey, centollo, percebe o lo que pueda encontrar de calidad y a precio asequible. Probablemente sea buey, pero como en verano es época mala para el marisco, quizá encuentre algo a base de buscar. Y si no, iré a por erizos de mar. Sé que es ilegal, pero no voy a coger más que media docena, y no es algo que esté haciendo todos los días. El marisco no engorda, así que podré saciar mis ansiedades sin remordimientos.
A eso hay que añadirle manicura, pedicura, dentista, dermatólogo, peluquero, spa, masajes y tai chi. ¿Pija? Mmm... Suena así, pero si se piensa un poco, los 4 primeros son médicos. La pedicura me la hace el podólogo, y la manicura generalmente una señora que además de esteticien, tiene hechos algunos cursillos de medicina de la piel etc. Si no la dejo que me haga los pies es porque ya está pagado el podólogo por mi seguro médico. El peluquero... Bueno, no creo que alguien que va por primera vez al peluquero en julio en todo el año sea un pijo. De hecho, voy dos veces al año... Lo más pijo tal vez sean los masajes y el spa. Lo de tai chi, que conste que soy cinturón verde, me entreno en serio, y quiero hacer algo de tai chi este verano para poder volver en septiembre en condiciones físicas, además de que me sirva de relax.
Masajes y spa... Pues si, es lo único que es pijo de narices, creo yo. Tengo pendiente escapada con mi madre, pero antes iré a un sitio pequeñito, al lado de mi casa, donde me hacen descuentos por el seguro médico (exprimo tanto al dichoso seguro médico, que no sé como les puedo salir rentable, si tienen en cuenta mi edad). Dan masajes y tienen un spa enano, que si bien es elemental, cumple sobradamente. No tiene ni baño turco ni sauna, sólo una terma. Una ducha escocesa de seis chorros como la que puedo instalar en mi casa, una piscina de agua caliente con chorros fundamentales, la de agua fría, y piedras con pediluvio. Pero te dan un zumo al terminar el circuito, te dejan quedarte en la tumbona todo el tiempo del mundo (y es la mejor tumbona que he visto a lo largo de mi vida), tienen máquina para prepararte tés o infusiones durante el circuito, y haces el recorrido sola, sin nadie dando por el saco. Los masajes son relativamente variados, así que no tengo quejas. Sólo ganas de llegar.
Pero bueno, lo importante es que aquí ando, con el máster casi terminado, algo más de experiencia en mi curriculum, además de estudios, un futuro de mierda muy similar al que tenía hace un año, y con algunas cosas más claras, por experiencia, y por aprendizaje.
Ahora necesito verano de descanso.

martes, 1 de mayo de 2012

El criterio

El criterio, si señores, ese gran desconocido entre las personas. Alguno con suerte se acordará de una obra con ese título, de un señor llamado Jaime Balmes. Nada, ese señor no tenía ni idea. Yo, que sigo fielmente ese libro (con alguna excepción en su razonamiento por trasnochada, que no por ser mala indicación), acabo de descubrir el nuevo criterio.
Si, esto es gracias al trabajo en grupo que estoy haciendo, donde como impera la democracia en vez de el rigor científico, pues los criterios a seguir son notablemente diferentes a lo que Balmes y otros sesudos intelectuales piensan. Pero no se preocupen, enseguida les pongo al día, para que todo el mundo disfrute igual que yo:

1. Criterios en cuestiones legales:

  • Si entre las tres no hemos encontrado nada, es que no existe. (No hemos encontrado nada de legislación, pero se puede aplicar a cualquier ámbito, como a la cura del cáncer. Pá qué descuernarse... Si lo han buscado ya muchos científicos y no lo han encontrado, es que no existe).
  • Si esta ley que he buscado para hacer el trabajo no es la correcta, no pasa nada. Como tampoco se contradice con la que es correcta, es válida. (Cojonudo, a mi que me juzguen siempre por el código civil, que como no contradice al penal, no pasa nada, sólo que me tocan menos años de cárcel. Espera, mejor por las ordenanzas municipales de urbanismo, así no hay delito.)
  • El juez que dirige el caso me va a decir a mi lo que tengo que hacer... (No, te dirá cuanto es la multa por desacato y cuanto de cárcel te ha salido en el bombo, y no te volverá a llamar. Pero lo que tienes que hacer no te lo va a decir, rica)


2. Criterios de búsqueda de información científica:


  • Si entre las tres no hemos encontrado nada, es que no existe. (Ver arriba)
  • He preguntado en dos foros y en yahoo respuestas, y me han dicho que la solución al trabajo de máster es esta. (Joder, pues a mi el portero de la casa de veraneo me ha dicho que se hace asá, y me inspira mucha confianza).


3. Criterios para realizar una prueba científica:

- Si hacemos como dices (coger muestras del sitio x, de alrededor del sitio x, y un poco más lejos del sitio x), puede que nos dé que toda la tierra está contaminada...
- Si, claro. En ese caso significa que la prueba no es concluyente, y que científicamente no se puede afirmar ni si ni no. Porque la contaminación está en el punto x, pero como también está alrededor, no se puede afirmar que en ese punto específico haya habido esa contaminación.
- No... Eso significa que no sabemos hacer un peritaje, así que mejor sólo cogemos tierra del punto exacto, y si da positivo, es si, y si da negativo, es no.

4. Criterios para descartar un argumento:

  • Me estás chillando, y me molesta mucho que me chilles, además de ofenderme y menoscabar mi dignidad. (Como comprenderán, después de todo lo de arriba, no estaba chillando, estaba alucinando ante la verdad revelada. ¿Yo chillar? ¿Para qué?).
  • Me da igual lo que digas tu, el profesor, el juez y la policía. No tenéis ni idea. La forma correcta es la mía, y como no se ajusta, lo que hacemos es una castaña que no vale para nada. (Claro, claro... Dios, perdona si te he ofendido, es que no te había reconocido materializado en la forma humana de compañera de máster).
  • De todas formas, para que te quedes tranquila, vamos a preguntarle al becario del profesor, que ése seguro que sabe. (O no sabe, o no se acuerda, o no viene media hora antes de la práctica, o se descojona de tí a la puta cara... Casi prefiero echarlo a cara o cruz. Y si sale de canto, es que realmente no hay que hacer la prueba, y mejor nos vamos a casa)

Mi cosuelo: que voy de oyente, y me he pedido el papel de fotógrafo y video para documentar el proceso. El profesor pensará que soy subnormal, pero no me evaluará ni me verá hacer el gilipollas.
Mi maldición: que luego hay que redactar el informe y que el profesor es mi director de tesis.
Mi venganza: que como sigan haciendo el chorra hablaré con el profe, le enseñaré estas perlas documentadas en mails (y muchas más que son anecdóticas, derivadas de estos razonamientos sesudos) y le entregaré aparte un informe, explicándole que lo hago para que no piense que soy subnormal.

LECCIÓN DE ORO: No creo que vuelva a tener que hacer trabajos de grupo (eso no hay en el doctorado, ¿no?), pero si un profesor me vuelve a endiñar semejante mierda para acortar el nº de trabajos a leer, o con la excusa de que hay que aprender a trabajar en grupo, lo tengo claro. SÓLO TRABAJO EN GRUPO SI ÉSTE TIENE UN COORDINADOR AJENO A ÉL, QUE SE ENCARGA DE ASIGNAR TAREAS, RESOLVER DUDAS Y DIRIMIR CONFLICTOS. PORQUE SI NO EXISTE ESA PERSONA CON ESAS FUNCIONES, ME NIEGO ROTUNDAMENTE PORQUE ES INEFECTIVO 100%.