Mmmm... Algo más centrada ya en mi casa, después de un examen odioso y chorra. Haciendo una recopilación musical de estándars, por si acaso tengo que pinchar en una boda (puede ser) o como ejercicio simplemente de selección de varias canciones. Ya se sabe, esta selección que se hace que con un poco de ojo vale para nochevieja, boda, despedidas de solteros, y prácticamente cualquier situación, sólo hay que ir pinchando las canciones. O darle al aleatorio y rezar para que no pinche todas las baladas seguidas. Estas cosas están bien, porque por ejemplo acabo de darme cuenta de que no tengo nada pasado a mp3 de Queen. ¡Qué error!
¿Y qué hay de novedad para que tenga que escribir, si últimamente ando más perdida y sin rumbo que de costumbre? Bueno, no siempre voy a ponerme trascendente, y me apetece una entrada gamberra en esta búsqueda de rumbo. Y es que no siempre voy a estar trascendente, que a mi la luna llena me deja muy atontada, y coincide que ayer había. Me quedé con las ganas de salir (¡Y qué ganas tenía, cielos!) pero hoy salgo aunque haya amenaza de bomba nuclear, invasión de zombis venidos del espacio exterior, y cataclismo de cualquier orden. Mucho no podré, ya que mañana tengo cosas que hacer, pero me es indiferente. Ya ayer andaba mal, me pasé toda la noche dando vueltas en la cama, y no por nervios del examen. Y hoy ya ando con ganas de irme de juerga, y eso que son sólo las 18:35. Cada día estaba más muermo y seta, pero se ve que mi parte de mujer-lobo acaba de despertar del letargo, y me dice lo que reza el título: la soledad es una entelequia. O dicho de otra manera, está solo el que quiere, puesto que no hay nada como el calor del amor en un bar. Bares, que lugares tan gratos para conversar, ¿eh?
¿Y esto como se llama en mi particular forma de buscar equilibrio? Bueno, digamos que es terapia, sales, desfasas, haces el burroliño nocturno, ligas (si es que se pone algo a tiro) y a una hora razonable, enfilas a casa. Soltar adrenalina o tensión. Y mañana a dedicarse a las opos, o a lo que toque. Que tocan muchas cosas.
- ¿No habías dicho que la juerga con moderación, que ya no estabas para perder tu tiempo miserablemente etc?
- Si. Y no considero una pérdida de tiempo salir un día de nocturnidad y alevosía. Mucho menos si lo pide el cuerpo. Rara vez me apetece salir últimamente. Suponía que era cuestión de edad, o simplemente de amuermamiento, o que estaba amargada porque no me aclaro. Pero hay momentos en los que queda claro todo, y como el gato que ha olisqueado la lata de sardinas abierta en la cocina, sabes lo que hay que hacer: esperar meneando el rabo a que todo el mundo salga de la cocina, una carrera rápida, con las orejas agachadas por cuestiones aerodinámicas y el rabo tieso indicando el camino de salida, un gran salto, morder la sardina, y salir de allí como alma que lleva el diablo antes de que entre alguien y te pille con las manos en la masa. Eso hace mi gato, y es absolutamente extrapolable a un pirata. Esperas a la nocturnidad tomando algo tranquilamente en un bar, con o sin compañía. En cuanto vez que la noche ha entrado, y que andan todos los individuos de tu catadura moral del momento fuera, abandonas el bar-nodriza para irte a la zona peligrosa, a buen paso. Una vez allí, en vez de coger sardinas bailas, bebes, fichas personal... Y finalmente, antes de que amanezca (o cuando proceda) y te desintegres ante la luz del sol, huyes por el camino anteriormente trazado. Vamos, hoy me lo merezco. Y no me para ni un muro de hormigón armado, ni nada.
Busco un centro de gravedad permanente que no varíe lo que ahora pienso de las cosas, de la gente
sábado, 19 de febrero de 2011
viernes, 11 de febrero de 2011
ALUCINADA POR LA VIDA
Me hace gracia cuando la gente dice eso de "si Kafka levantase la cabeza..." Prefiero pensar que Kafka sigue descansando en paz, porque si levantara la cabeza simplemente pensaría que se ha levantado en una novela suya inacabada.
Debo haber hecho algo muy malo en otra vida, a juzgar por las cosas que me suceden de vez en cuando. Y supongo que debo dar gracias de que sólo sucedan de vez en cuando. Hoy mi sorpresa ha sido un fluir constante, y eso que me han quemado y arañado a lo largo del día, para que quedara constancia de que no era un sueño.
Mis sorpresas van de lo cotidiano a lo extraordinario. Lo cotidiano ha sucedido por la mañana: leyes absurdas que hay que conocer para una oposición; palabrería vacía de contenido, contenida en tinta. Sin más. Según me sumerjo más en las oposiciones, mejor llevo el proceso de asimilación de chorradas.
Noticias del periódico que te hacen pensar que alguien ha perdido la chaveta, y que no hay psiquiátricos suficientes para albergar a todos esos alguienes sueltos. Tal vez es que los cuerdos se han refugiado en esos centros, y nos venden la moto de que los sanos están fuera. O tal vez simplemente me creo un ser corriente, cuando soy una sombra de lo que debería ser. Ni idea. El caso es que leer las noticias con cierta frecuencia te anestesia bastante de las locuras mundanas, y últimamente he leído bastante como para poder ponerme una dosis de morfina intelectual y acallar eso que gritaba en la lejanía de mi cerebro. Yo lo llamaba sentido común, ahora creo que se llama paranoia.
Hasta aquí, tareas más o menos cotidianas para cualquier ser humano. En la consulta del médico, me he sorprendido al descubrir que soy un muermazo de tía, inadaptada social. El estupor ha durado hasta la primera quemadura en la cara. Es lo bueno que tienen los dermatólogos; si te queman, sientes el dolor. Ese bendito dolor me ha devuelto a la realidad del presente, haciéndome olvidar esas penas de vida social nula, y lo más grave, pocas ganas de iniciar nada por las diversas patadas recibidas a lo largo de 31 años. Me quedo con mi locura, que me consuela hasta cierto punto, que con el desasosiego inicial de rascar en la sociedad a ver si encuentro algo que sea mínimamente compatible con mi forma de ver las cosas. El desasosiego es sólo al comienzo, luego viene la frustración al no encontrar nada, la desesperación al ver pasar el tiempo, y finalmente la ira que te corroe por dentro. Gracias, ya estuve tres años en el paro y sin verdaderos amigos. Ya maté las penas con alcohol, y ya hice las burradas propias de la edad. Ahora la situación se repite, vuelvo a estar en el paro. Vuelvo a estar más o menos sola. Sólo que ya no me interesa fumarme la tabacalera y beberme el agua de los floreros; porque ya lo he hecho, no conduce a nada. Curioso, vuelvo a estar igual que con 25 años, pero con algo más de experiencia.
Tampoco tendría nada de extraordinario llegar a esta conclusión, al menos no es sorprendente. Hay mucha gente en el paro, quemados; gente con problemas de adaptación laboral y social. Nada nuevo bajo el sol.
Si las quemaduras del médico no hubieran sido suficientes para despertarme, el llevar al gato al veterianio y apoquinar la dolorosa sí me despierta. 75€ del ala, unos arañazos involuntarios del bicho, y mucho miedo. El pobre animal sabe que el veterinario no es un spa gatuno, sino más bien la antesala al infierno animal. El pobre bicho se me sube como si fuera un koala, se agarra a mi mediante el clavazo de uñas, y se deja poner pinchazos, termómetro... Los animales son muy expresivos, y el miedo lo expresan de maravilla. Me da pena, pero hay que hacerlo, es por su bien.
Después de eso, he corrido a mi clase de tai chi. Adoro el tai chi. Me relajo, me divierto, aprendo cosas, me estiro, suelto adrenalina... El problema es que después de una clase fantástica alguien me corte el momento de relajación. Y efectivamente, me lo han cortado. He oído lo que no esperaba oír nunca: que cambie un examen que tengo, necesario para opositar, para poder ir a un día de clase extraordinaria que dan.
En esos momentos, la cara es de imbécil total, y durante un fugaz microsegundo entiendes lo que se le pasa por la cabeza a un asesino en serie. ¿Cómo se va a arrepentir uno de causar daño a alguien a quien le importas exactamente una higa? Es decir, la persona sabe que tengo unas oposiciones. Que un día x tengo un examen, que o lo paso, o directamente me echan de la oposición. Ese día x coincide que hay un curso de tai chi durante toda la mañana. Como el examen tiene dos tandas, me sugiere que llame y pida que me cambien de la segunda a la primera para poder asistir a la segunda mitad del cursillo. Sé que dije que no diría tacos, pero esto sólo admite una expresión: con dos cojones bien colocados en el sitio.
En ese instante, la moral se evapora con la ira que corroe el cerebro. Por tu cabeza se cruzan diversas respuestas, a cada cual más salvaje, mientras balbuceas para ganar algo de tiempo, y poder elegir la más fina y más dañina. Menos mal que alguien toma la delantera, y le dice a la persona que no es interesante hacer el cambio porque no va a dar tiempo a llegar al curso. Obviamente no das ya la contestación que se había terminado de forjar en la cabeza, que venía a rezar algo como lo que sigue: "Mira guapa, tal vez tu disfrutes siendo una fracasada en tu profesión, teniendo tu trabajo pendiente de un hilo, e imaginándote dando clases de tai chi; pero a mi me gusta ganar pasta gansa, tener ganadas una oposiciones, y que se me reconozca como una profesional seria y responsable. Y eso se consigue trabajando duro y priorizando las cosas. Y obviamente, mi prioridad es presentarme a las oposiciones, echar toda la carne en el asador. Supongo que nadie podrá mirarme mal por eso, ni recriminarme que quiera trabajar de algo en esta vida. Y si alguien tiene algo que alegar, yo encantada voy a donde haya que ir, pero se me paga 2.800€ al mes a partir de ahora, que es lo que ganaría si saco las oposiciones." Al lorete con la edad de la persona que me hace la sugerencia: 45 tacos, y familiar de la menda.
Y es cuando llegas a casa, pinchas música para relajarte y analizas el día en frío cuando observas que tal vez no estés a la altura de grandes personas, pero que tampoco eres un gusano. Que la dignidad se consigue a base de ejercicio duro, y que la gente anda muy mal en ese aspecto en lineas generales, y en las particulares también. Y luego todos decimos lo mismo: "la LOGSE ha hecho estragos". La LOGSE ha hecho auténticos estragos, pero somos nosotros mismos que los hemos permitido, y fomentado. Y encima riéndonos de los "pringaos" que hablan de hacer las cosas bien, con ética y gusto. Alucinada por la vida ando. Pero mucho, muchísimo.
P.D.- Verificando un envío que me han hecho de EE.UU. he descubierto que el paquete tarda de EE.UU. a España un día. En España tardan 7 días en avisarme que ha llegado. Ya les he enviado la documentación que necesitan, y han tardado 4 días en decirme cuanto hay que apoquinar. Llevo 3 días esperando que pase controles aduaneros. Cuando lo decidan, veremos cuanto tardan en enviármelo de España a España. La próxima vez creo que ahorro tiempo, pasta y mala sangre si voy directamente a Barajas en persona a recogerlo. Insisto, la dignidad y el buen hacer llevan mucho currro, y es muy laborioso hacer las cosas bien, de forma elegante, con dignidad y con criterio. Cada día más difícil.
Debo haber hecho algo muy malo en otra vida, a juzgar por las cosas que me suceden de vez en cuando. Y supongo que debo dar gracias de que sólo sucedan de vez en cuando. Hoy mi sorpresa ha sido un fluir constante, y eso que me han quemado y arañado a lo largo del día, para que quedara constancia de que no era un sueño.
Mis sorpresas van de lo cotidiano a lo extraordinario. Lo cotidiano ha sucedido por la mañana: leyes absurdas que hay que conocer para una oposición; palabrería vacía de contenido, contenida en tinta. Sin más. Según me sumerjo más en las oposiciones, mejor llevo el proceso de asimilación de chorradas.
Noticias del periódico que te hacen pensar que alguien ha perdido la chaveta, y que no hay psiquiátricos suficientes para albergar a todos esos alguienes sueltos. Tal vez es que los cuerdos se han refugiado en esos centros, y nos venden la moto de que los sanos están fuera. O tal vez simplemente me creo un ser corriente, cuando soy una sombra de lo que debería ser. Ni idea. El caso es que leer las noticias con cierta frecuencia te anestesia bastante de las locuras mundanas, y últimamente he leído bastante como para poder ponerme una dosis de morfina intelectual y acallar eso que gritaba en la lejanía de mi cerebro. Yo lo llamaba sentido común, ahora creo que se llama paranoia.
Hasta aquí, tareas más o menos cotidianas para cualquier ser humano. En la consulta del médico, me he sorprendido al descubrir que soy un muermazo de tía, inadaptada social. El estupor ha durado hasta la primera quemadura en la cara. Es lo bueno que tienen los dermatólogos; si te queman, sientes el dolor. Ese bendito dolor me ha devuelto a la realidad del presente, haciéndome olvidar esas penas de vida social nula, y lo más grave, pocas ganas de iniciar nada por las diversas patadas recibidas a lo largo de 31 años. Me quedo con mi locura, que me consuela hasta cierto punto, que con el desasosiego inicial de rascar en la sociedad a ver si encuentro algo que sea mínimamente compatible con mi forma de ver las cosas. El desasosiego es sólo al comienzo, luego viene la frustración al no encontrar nada, la desesperación al ver pasar el tiempo, y finalmente la ira que te corroe por dentro. Gracias, ya estuve tres años en el paro y sin verdaderos amigos. Ya maté las penas con alcohol, y ya hice las burradas propias de la edad. Ahora la situación se repite, vuelvo a estar en el paro. Vuelvo a estar más o menos sola. Sólo que ya no me interesa fumarme la tabacalera y beberme el agua de los floreros; porque ya lo he hecho, no conduce a nada. Curioso, vuelvo a estar igual que con 25 años, pero con algo más de experiencia.
Tampoco tendría nada de extraordinario llegar a esta conclusión, al menos no es sorprendente. Hay mucha gente en el paro, quemados; gente con problemas de adaptación laboral y social. Nada nuevo bajo el sol.
Si las quemaduras del médico no hubieran sido suficientes para despertarme, el llevar al gato al veterianio y apoquinar la dolorosa sí me despierta. 75€ del ala, unos arañazos involuntarios del bicho, y mucho miedo. El pobre animal sabe que el veterinario no es un spa gatuno, sino más bien la antesala al infierno animal. El pobre bicho se me sube como si fuera un koala, se agarra a mi mediante el clavazo de uñas, y se deja poner pinchazos, termómetro... Los animales son muy expresivos, y el miedo lo expresan de maravilla. Me da pena, pero hay que hacerlo, es por su bien.
Después de eso, he corrido a mi clase de tai chi. Adoro el tai chi. Me relajo, me divierto, aprendo cosas, me estiro, suelto adrenalina... El problema es que después de una clase fantástica alguien me corte el momento de relajación. Y efectivamente, me lo han cortado. He oído lo que no esperaba oír nunca: que cambie un examen que tengo, necesario para opositar, para poder ir a un día de clase extraordinaria que dan.
En esos momentos, la cara es de imbécil total, y durante un fugaz microsegundo entiendes lo que se le pasa por la cabeza a un asesino en serie. ¿Cómo se va a arrepentir uno de causar daño a alguien a quien le importas exactamente una higa? Es decir, la persona sabe que tengo unas oposiciones. Que un día x tengo un examen, que o lo paso, o directamente me echan de la oposición. Ese día x coincide que hay un curso de tai chi durante toda la mañana. Como el examen tiene dos tandas, me sugiere que llame y pida que me cambien de la segunda a la primera para poder asistir a la segunda mitad del cursillo. Sé que dije que no diría tacos, pero esto sólo admite una expresión: con dos cojones bien colocados en el sitio.
En ese instante, la moral se evapora con la ira que corroe el cerebro. Por tu cabeza se cruzan diversas respuestas, a cada cual más salvaje, mientras balbuceas para ganar algo de tiempo, y poder elegir la más fina y más dañina. Menos mal que alguien toma la delantera, y le dice a la persona que no es interesante hacer el cambio porque no va a dar tiempo a llegar al curso. Obviamente no das ya la contestación que se había terminado de forjar en la cabeza, que venía a rezar algo como lo que sigue: "Mira guapa, tal vez tu disfrutes siendo una fracasada en tu profesión, teniendo tu trabajo pendiente de un hilo, e imaginándote dando clases de tai chi; pero a mi me gusta ganar pasta gansa, tener ganadas una oposiciones, y que se me reconozca como una profesional seria y responsable. Y eso se consigue trabajando duro y priorizando las cosas. Y obviamente, mi prioridad es presentarme a las oposiciones, echar toda la carne en el asador. Supongo que nadie podrá mirarme mal por eso, ni recriminarme que quiera trabajar de algo en esta vida. Y si alguien tiene algo que alegar, yo encantada voy a donde haya que ir, pero se me paga 2.800€ al mes a partir de ahora, que es lo que ganaría si saco las oposiciones." Al lorete con la edad de la persona que me hace la sugerencia: 45 tacos, y familiar de la menda.
Y es cuando llegas a casa, pinchas música para relajarte y analizas el día en frío cuando observas que tal vez no estés a la altura de grandes personas, pero que tampoco eres un gusano. Que la dignidad se consigue a base de ejercicio duro, y que la gente anda muy mal en ese aspecto en lineas generales, y en las particulares también. Y luego todos decimos lo mismo: "la LOGSE ha hecho estragos". La LOGSE ha hecho auténticos estragos, pero somos nosotros mismos que los hemos permitido, y fomentado. Y encima riéndonos de los "pringaos" que hablan de hacer las cosas bien, con ética y gusto. Alucinada por la vida ando. Pero mucho, muchísimo.
P.D.- Verificando un envío que me han hecho de EE.UU. he descubierto que el paquete tarda de EE.UU. a España un día. En España tardan 7 días en avisarme que ha llegado. Ya les he enviado la documentación que necesitan, y han tardado 4 días en decirme cuanto hay que apoquinar. Llevo 3 días esperando que pase controles aduaneros. Cuando lo decidan, veremos cuanto tardan en enviármelo de España a España. La próxima vez creo que ahorro tiempo, pasta y mala sangre si voy directamente a Barajas en persona a recogerlo. Insisto, la dignidad y el buen hacer llevan mucho currro, y es muy laborioso hacer las cosas bien, de forma elegante, con dignidad y con criterio. Cada día más difícil.
domingo, 30 de enero de 2011
VALOR
Anoche tuve una sobreexposición de gente sólida y con criterio. Y todo ello a palo seco, sin alcohol, y encima con la espalda hecha un cuadro.
Últimamente llevo una racha perdidísima. Las oposiciones me frustran, no entiendo nada. Tengo la sensación de dar palos de ciego y malgastar inútilmente mi tiempo. Es como el hamster en el rodillo, pedaleo como una posesa pero no veo nada; sólo un rodillo que gira.
A eso hay que añadirle que mi círculo de amistades cada vez es más pequeño, por no decir que ya no existe. Esta semana di mi sincera opinión sin pelos en la lengua a una amiga. Parece que no le sentó bien, y lleva sin dar señales de vida desde el viernes, última vez que hablé con ella, porque yo la llamé. Mala suerte, pero no voy a mentir. No quiero.
El caso es que ayer sábado unas charlas con gente de solidez intelectual y moral me hicieron quedarme un poco alucinada. ¿Y a donde voy yo, animala cegata, sin tener criterios claros, sin esa seguridad personal, sin nada? Era sentirse como un enano entre gigantes. Obviamente hay que aclarar que esta gente será unos 15 años más mayor que yo; pero es que no deja de sorprenderme (y gustarme) que haya gente con ideas tan claras, capacidad de decir lo que piensan, y seguir adelante. Estoy más acostumbrada a ver brumas de divagaciones, insana estupidez que se proclama a los cuatro vientos pensando que eso es vigor, valor y fuerza...
Así que hoy, en cuanto he podido he salido a dar un paseo, tomar un bitter, y tratar de reflexionar. Curiosidades de la vida, me he terminado encontrando con el último personaje sólido de la semana. Además, seductora (era una mujer) como las haya, narradora excelente y divertida. Creo que me ha incluido en la conversación por simpatía hacia alguien con cara de gilipuertas (ya va asumido que esa es mi cara), esta vez con el toque de "estoy perdida".
Yo no sé si esta gente nació así, se han hecho a sí mismos, o es coincidencia. Pero sí se que yo quiero ese valor de decir y hacer lo que uno considera necesario. Y la fuerza de voluntad que ello conlleva. Estas cosas siempre me recuerdan a aquella canción, el hombre en el espejo. O Face in the mirrow, que es el título original en mi cabeza. No citaré la letra entera, pero esa frase que dice que en el corazón quema un sentimiento, piensas que eres libre y sabes la verdad... Eso es simplemente genial. Olvidemos la parte romántica de la canción. Cada sueño tiene una parte oscura. Supongo que lo que yo quiero pasa ahora por oscuridad. Por mis propias oscuridades.
Ya sé lo que llevo escribiendo aquí, no soy idiota. Pero de alguna manera parece un precalentamieto. Es decir, doy palos de ciego, busco ese nuevo rumbo... Y tal vez haya algo averiado en mi propia maquinaria. No sé, pero ahora tengo tema para consultar con la almohada. Veremos a ver qué dice la luz de la mañana.
Últimamente llevo una racha perdidísima. Las oposiciones me frustran, no entiendo nada. Tengo la sensación de dar palos de ciego y malgastar inútilmente mi tiempo. Es como el hamster en el rodillo, pedaleo como una posesa pero no veo nada; sólo un rodillo que gira.
A eso hay que añadirle que mi círculo de amistades cada vez es más pequeño, por no decir que ya no existe. Esta semana di mi sincera opinión sin pelos en la lengua a una amiga. Parece que no le sentó bien, y lleva sin dar señales de vida desde el viernes, última vez que hablé con ella, porque yo la llamé. Mala suerte, pero no voy a mentir. No quiero.
El caso es que ayer sábado unas charlas con gente de solidez intelectual y moral me hicieron quedarme un poco alucinada. ¿Y a donde voy yo, animala cegata, sin tener criterios claros, sin esa seguridad personal, sin nada? Era sentirse como un enano entre gigantes. Obviamente hay que aclarar que esta gente será unos 15 años más mayor que yo; pero es que no deja de sorprenderme (y gustarme) que haya gente con ideas tan claras, capacidad de decir lo que piensan, y seguir adelante. Estoy más acostumbrada a ver brumas de divagaciones, insana estupidez que se proclama a los cuatro vientos pensando que eso es vigor, valor y fuerza...
Así que hoy, en cuanto he podido he salido a dar un paseo, tomar un bitter, y tratar de reflexionar. Curiosidades de la vida, me he terminado encontrando con el último personaje sólido de la semana. Además, seductora (era una mujer) como las haya, narradora excelente y divertida. Creo que me ha incluido en la conversación por simpatía hacia alguien con cara de gilipuertas (ya va asumido que esa es mi cara), esta vez con el toque de "estoy perdida".
Yo no sé si esta gente nació así, se han hecho a sí mismos, o es coincidencia. Pero sí se que yo quiero ese valor de decir y hacer lo que uno considera necesario. Y la fuerza de voluntad que ello conlleva. Estas cosas siempre me recuerdan a aquella canción, el hombre en el espejo. O Face in the mirrow, que es el título original en mi cabeza. No citaré la letra entera, pero esa frase que dice que en el corazón quema un sentimiento, piensas que eres libre y sabes la verdad... Eso es simplemente genial. Olvidemos la parte romántica de la canción. Cada sueño tiene una parte oscura. Supongo que lo que yo quiero pasa ahora por oscuridad. Por mis propias oscuridades.
Ya sé lo que llevo escribiendo aquí, no soy idiota. Pero de alguna manera parece un precalentamieto. Es decir, doy palos de ciego, busco ese nuevo rumbo... Y tal vez haya algo averiado en mi propia maquinaria. No sé, pero ahora tengo tema para consultar con la almohada. Veremos a ver qué dice la luz de la mañana.
domingo, 9 de enero de 2011
Aquí ando, repasando lo que he escrito, en busca de respuestas. He descubierto los ciclos vitales. Mira tu qué bien, y que tonta no haberme dado cuenta antes. O mejor dicho, sí me he dado cuenta, pero empiezo a integrarlo en mis circunstancias. Con las variantes oportunas, claro. Siempre que uno se propone algo, surge algún contratiempo, eso no era nada nuevo para mi. Menos mal que me he quitado la manía de ponerme metas maratonianas (más o menos) y observar las cosas con calma.
Así repasando el vuelto a leer mis conclusiones sobre el diablillo cósmico y las buenas voluntades, y de esos momentos de "mala salud" que vienen cuando parece que todo va encaminado. Unas veces ha sido la anemia, otras catarro, esta vez el estómago. Previsible por las comilonas navideñas. La mitad de mis planes al garete, y la otra mitad en stand-by. Eso ya lo sabía de antes, pero ahora me percato de los ciclos. He solucionado (parcheado) algunos problemas, como el de las amistades gusanoides vampíricas. No quería ni dar una mala contestación ni hacer nada drástico, porque a mi no me gusta que me hagan eso. Ahora quedo y me dedico a meditar en mis cosas mientras dan el coñazo. No es fácil, pero poco a poco le he ido pillando el callo. Eso, y volverme una persona muy ocupada ayuda muchísimo. Un día de éstos publicaré por aquí mi listado de excusas, evasivas, evadidas... Me fastidia muchísimo tener que mentir a la gente, pero he llegado a la conclusión de que a estos seres es lo único que los neutraliza. Decirles la verdad "estoy cansada/ha venido mi prima a estar conmigo" sirve para que te respondan "pues conmigo descansas/pues tráetela, y así somos más y estás con tu prima". La empatía y la compasión no son rasgos de estos seres, y ya opto por auténticos juegos malabares en los que siempre tengo alguna dolencia física crónica que me impide todo, preferentemente contagiosísima para que no vengan a verme. Paz de espíritu, y como no soy una persona que salga mucho, de momento me soluciona ese problema.
Reconozco que estos parches son los que me hacen caer en esos ciclos que se repiten, pero de momento es una solución. Eso en cuanto a amistades. Ahora hay que ponerse las pilas con otros temas. Sonará a que soy imbécil del culo, pero he descubierto que se aprovecha mucho más tiempo dedicando media hora a cada cosa diaria que no pegándose la paliza del siglo un día puntual. La faena es hacerlo, porque siempre surgen cosas que te cortan el rollo. Ahora voy a ver como afrontar los imprevistos. Algunos los corto de raíz, con el "mañana no me llames que voy a estar muy liada con esto, esto y esto". Pero eso a diario no se puede decir, así que habrá que plantearse introducir momentos muertos para imprevistos...
Vamos, en resumen: que ando algo hecha un lío. Espero aclararme esta noche a base de almohada, porque la semana que entra va a ser durilla, y la siguiente puede ser mortal.
Así repasando el vuelto a leer mis conclusiones sobre el diablillo cósmico y las buenas voluntades, y de esos momentos de "mala salud" que vienen cuando parece que todo va encaminado. Unas veces ha sido la anemia, otras catarro, esta vez el estómago. Previsible por las comilonas navideñas. La mitad de mis planes al garete, y la otra mitad en stand-by. Eso ya lo sabía de antes, pero ahora me percato de los ciclos. He solucionado (parcheado) algunos problemas, como el de las amistades gusanoides vampíricas. No quería ni dar una mala contestación ni hacer nada drástico, porque a mi no me gusta que me hagan eso. Ahora quedo y me dedico a meditar en mis cosas mientras dan el coñazo. No es fácil, pero poco a poco le he ido pillando el callo. Eso, y volverme una persona muy ocupada ayuda muchísimo. Un día de éstos publicaré por aquí mi listado de excusas, evasivas, evadidas... Me fastidia muchísimo tener que mentir a la gente, pero he llegado a la conclusión de que a estos seres es lo único que los neutraliza. Decirles la verdad "estoy cansada/ha venido mi prima a estar conmigo" sirve para que te respondan "pues conmigo descansas/pues tráetela, y así somos más y estás con tu prima". La empatía y la compasión no son rasgos de estos seres, y ya opto por auténticos juegos malabares en los que siempre tengo alguna dolencia física crónica que me impide todo, preferentemente contagiosísima para que no vengan a verme. Paz de espíritu, y como no soy una persona que salga mucho, de momento me soluciona ese problema.
Reconozco que estos parches son los que me hacen caer en esos ciclos que se repiten, pero de momento es una solución. Eso en cuanto a amistades. Ahora hay que ponerse las pilas con otros temas. Sonará a que soy imbécil del culo, pero he descubierto que se aprovecha mucho más tiempo dedicando media hora a cada cosa diaria que no pegándose la paliza del siglo un día puntual. La faena es hacerlo, porque siempre surgen cosas que te cortan el rollo. Ahora voy a ver como afrontar los imprevistos. Algunos los corto de raíz, con el "mañana no me llames que voy a estar muy liada con esto, esto y esto". Pero eso a diario no se puede decir, así que habrá que plantearse introducir momentos muertos para imprevistos...
Vamos, en resumen: que ando algo hecha un lío. Espero aclararme esta noche a base de almohada, porque la semana que entra va a ser durilla, y la siguiente puede ser mortal.
martes, 14 de diciembre de 2010
¿LOGSE O ESTUPIDEZ?
Me queda la duda de a qué se debe la mala educación que últimamente percibo de forma más hiriente. Ojo, la culpa es compartida, porque yo lo he tolerado demasiado tiempo, pero si hoy se cumplen unas predicciones mías de llamadas telefónicas, voy a empezar a administrar un poco de buena educación a tanto asno suelto.
Me explico, que dicho todo así suena muy bien. Detesto una serie de comportamientos que veo que cada vez se repiten con más frecuencia:
- Esos saludos tipo "que tal te va, cacho puta" etc.
- Esas confianzas de indagar el "por qué no puedes quedar para ir de juerga". O a lo que sea.
- Esas tomas de confianza excesiva tipo "tu casa es mi casa", "tu puedes hacerlo mejor que nadie" y "solo puedo confiar en tí".
En cuanto a los saludos, una vez pasada la edad del pavo, y con un poco de calma en las hormonas y ánimos, no te dedicas a saludar a nadie de esas formas. Ni "qué pasa tronco", ni "hola zorrón", ni nada similar. Un simple hola, buenas, o un me alegro de verte son suficientemente efusivos, agradables y nadie te mira cuando los dices. Mis ganas de romper moldes de forma tonta ya han pasado. Si tengo que pelearme por algo, prefiero que sea por algo productivo, y no por tonterías. Si estas cosas me las dice alguien con menos de 25 años, no me ofendo. Si tiene más de 30 simplemente se me ha vuelto intolerable. (¿Será porque ya tengo 31?)
Las preguntas de por qué... Esas las detesto. Tampoco ha ayudado mucho tener una madre inquisitiva hasta el paroxismo, pero bueno. Si yo digo, "no puedo", es eso mismo. Pedirme justificaciones es dudar de mi palabra. Si es un amigo y espera recibirlas en base a nuestra amistad, ya llegarán (si es que tienen que llegar) cuando juzgue yo que sea el momento oportuno. Lo que no puede ser es que todo tenga que ser explicado. Si no te gusta, llama a otra persona. Las explicaciones creo (modestamente) que se deben dar cuando te has comprometido a algo y no lo has cumplido. Pero cuando no hay compromiso de ninguna clase, ¿a qué viene indagar tanto?
Por último, vamos a por esas tomas de confianza, en las que la gente te considera digna de ser depositaria de una fe absoluta, o digna de compartir intimidades y propiedades. Hay personas que no me desagrada que me consideren digna de tal consideración, pero en el caso de otros, es simplemente una excusa para disponer de todo, ya sea tu casa, tu tiempo, o tu trabajo. Ni mi casa es tuya, ni la tuya mía. Cada uno tiene lo que tiene, y si esto es así de comunal, vienes tu primero a limpiar mi casa, que yo no me he tomado esa libertad nunca. Si nadie puede hacerlo mejor que yo, págame, porque al menos me mereceré ese reconocimiento por los servicios prestados. Y si sólo puedes confiar en mi, mal lo llevas en esta vida, que ni de ti mismo te puedes fiar. No nos engañemos, el jeta de turno se aprovecha de lo que evoca para sacar tajada.
Mi última duda es saber si estos comportamientos vienen a través de la LOGSE, o simplemente hay mucho estúpido suelto. O listillo, según como se mire. Esta reflexión viene porque hoy espero (y ojalá me confunda y esto sea tiempo perdido frente al teclado) dos llamadas de teléfono. La primera empezará con el insulto. Había pensado en ciscarme en sus muertos, a ver si pillaba lo desagradable que es que te saluden así, pero he decidido que tampoco procede. Le diré que si vuelve a saludarme como un asno, simplemente colgaré el teléfono porque si quiero oír insultos, me dedico a la política. Luego me dirá que quiere quedar para ir de chufla, y le diré que no puedo. ¿Y por qué? Había pensado decirla que porque tengo mucho trabajo limpiándome las pelotillas del ombligo. (La frase no es mía, desgraciadamente). Pero creo que tampoco procede. Que estoy muy ocupada. ¿Y qué tienes que hacer? Muchas cosas, pero no tengo por qué darte detalles de ellas, a no ser que esto sea una interrogación policial. ¿O es que tan poco de fiar soy que necesitas explicaciones minuciosas?
La otra llamada es para preguntar a ver qué haría yo en el lugar de otra persona... Tema ya manido, cansino, aburrido y tedioso. No entraré en detalles. Había pensado en decirla a la susodicha que se tirara por la ventana, porque si ella no sabe solucionar sus problemas, pues el suicidio es una forma de acabar con ellos. Claro, que, como mis anteriores pensamientos, no procede. Así que le diré que ella decide, y ella tiene que saber lo que quiere hacer. Yo sé lo que yo quiero, y procuro moverme en esa dirección, pero que su vida está bajo su responsabilidad. Así que debe sentarse a meditar, ella sola, y mirar los pros y contras. Que yo no juzgo a las personas, y que cuando alguien toma una decisión sus motivos tendrá.
Estas dos llamadas me hacen darme cuenta del infantilismo/hedonismo que hay suelto. Como si yo no tuviera más preocupación que ir de fiesta y resolver problemas ajenos. Ni estudié psiquiatría, ni relaciones públicas. Cuando quiera consagrar mi vida a estos temas sesudos de fiestas/problemas ajenos, emprenderé esas carreras. Mientras tanto, seguiré disfrutando de Bach, cursillos variados, y mirando cosas de mis profesiones.
Más vale ponerse una vez colorada que 101 amarilla. Ya me lo advirtieron en este blog antes, y ha llegado la hora del colorao.
Me explico, que dicho todo así suena muy bien. Detesto una serie de comportamientos que veo que cada vez se repiten con más frecuencia:
- Esos saludos tipo "que tal te va, cacho puta" etc.
- Esas confianzas de indagar el "por qué no puedes quedar para ir de juerga". O a lo que sea.
- Esas tomas de confianza excesiva tipo "tu casa es mi casa", "tu puedes hacerlo mejor que nadie" y "solo puedo confiar en tí".
En cuanto a los saludos, una vez pasada la edad del pavo, y con un poco de calma en las hormonas y ánimos, no te dedicas a saludar a nadie de esas formas. Ni "qué pasa tronco", ni "hola zorrón", ni nada similar. Un simple hola, buenas, o un me alegro de verte son suficientemente efusivos, agradables y nadie te mira cuando los dices. Mis ganas de romper moldes de forma tonta ya han pasado. Si tengo que pelearme por algo, prefiero que sea por algo productivo, y no por tonterías. Si estas cosas me las dice alguien con menos de 25 años, no me ofendo. Si tiene más de 30 simplemente se me ha vuelto intolerable. (¿Será porque ya tengo 31?)
Las preguntas de por qué... Esas las detesto. Tampoco ha ayudado mucho tener una madre inquisitiva hasta el paroxismo, pero bueno. Si yo digo, "no puedo", es eso mismo. Pedirme justificaciones es dudar de mi palabra. Si es un amigo y espera recibirlas en base a nuestra amistad, ya llegarán (si es que tienen que llegar) cuando juzgue yo que sea el momento oportuno. Lo que no puede ser es que todo tenga que ser explicado. Si no te gusta, llama a otra persona. Las explicaciones creo (modestamente) que se deben dar cuando te has comprometido a algo y no lo has cumplido. Pero cuando no hay compromiso de ninguna clase, ¿a qué viene indagar tanto?
Por último, vamos a por esas tomas de confianza, en las que la gente te considera digna de ser depositaria de una fe absoluta, o digna de compartir intimidades y propiedades. Hay personas que no me desagrada que me consideren digna de tal consideración, pero en el caso de otros, es simplemente una excusa para disponer de todo, ya sea tu casa, tu tiempo, o tu trabajo. Ni mi casa es tuya, ni la tuya mía. Cada uno tiene lo que tiene, y si esto es así de comunal, vienes tu primero a limpiar mi casa, que yo no me he tomado esa libertad nunca. Si nadie puede hacerlo mejor que yo, págame, porque al menos me mereceré ese reconocimiento por los servicios prestados. Y si sólo puedes confiar en mi, mal lo llevas en esta vida, que ni de ti mismo te puedes fiar. No nos engañemos, el jeta de turno se aprovecha de lo que evoca para sacar tajada.
Mi última duda es saber si estos comportamientos vienen a través de la LOGSE, o simplemente hay mucho estúpido suelto. O listillo, según como se mire. Esta reflexión viene porque hoy espero (y ojalá me confunda y esto sea tiempo perdido frente al teclado) dos llamadas de teléfono. La primera empezará con el insulto. Había pensado en ciscarme en sus muertos, a ver si pillaba lo desagradable que es que te saluden así, pero he decidido que tampoco procede. Le diré que si vuelve a saludarme como un asno, simplemente colgaré el teléfono porque si quiero oír insultos, me dedico a la política. Luego me dirá que quiere quedar para ir de chufla, y le diré que no puedo. ¿Y por qué? Había pensado decirla que porque tengo mucho trabajo limpiándome las pelotillas del ombligo. (La frase no es mía, desgraciadamente). Pero creo que tampoco procede. Que estoy muy ocupada. ¿Y qué tienes que hacer? Muchas cosas, pero no tengo por qué darte detalles de ellas, a no ser que esto sea una interrogación policial. ¿O es que tan poco de fiar soy que necesitas explicaciones minuciosas?
La otra llamada es para preguntar a ver qué haría yo en el lugar de otra persona... Tema ya manido, cansino, aburrido y tedioso. No entraré en detalles. Había pensado en decirla a la susodicha que se tirara por la ventana, porque si ella no sabe solucionar sus problemas, pues el suicidio es una forma de acabar con ellos. Claro, que, como mis anteriores pensamientos, no procede. Así que le diré que ella decide, y ella tiene que saber lo que quiere hacer. Yo sé lo que yo quiero, y procuro moverme en esa dirección, pero que su vida está bajo su responsabilidad. Así que debe sentarse a meditar, ella sola, y mirar los pros y contras. Que yo no juzgo a las personas, y que cuando alguien toma una decisión sus motivos tendrá.
Estas dos llamadas me hacen darme cuenta del infantilismo/hedonismo que hay suelto. Como si yo no tuviera más preocupación que ir de fiesta y resolver problemas ajenos. Ni estudié psiquiatría, ni relaciones públicas. Cuando quiera consagrar mi vida a estos temas sesudos de fiestas/problemas ajenos, emprenderé esas carreras. Mientras tanto, seguiré disfrutando de Bach, cursillos variados, y mirando cosas de mis profesiones.
Más vale ponerse una vez colorada que 101 amarilla. Ya me lo advirtieron en este blog antes, y ha llegado la hora del colorao.
jueves, 2 de diciembre de 2010
INERCIA
Acabo de descubrir la fuerza de la inercia. No hablo de la ley de física (propiedad de los cuerpos a resistirse al cambio de movimiento por el cual un cuerpo se mantiene en reposo o movimiento en linea recta si no hay otras fuerzas actuando sobre él) sino de la ley de la inercia personal.
La inercia personal es la que te hace trabajar aunque no tengas ganas porque es lo que hay que hacer. Es la que te hace comer aunque no tengas ganas porque si no sabes que no vas a durar ni medio asalto. Es la misma ley que te obliga a seguir adelante porque si no se va todo al carajo.
En estos momentos tengo todo preparado para una entrevista de trabajo mañana (la primera desde que me fui al paro allá por agosto), el coche a punto para enfilar al sitio, que no me queda cerca precisamente. Tengo el taxi reservado porque a la tarde me voy de viaje, la maleta esbozada en mi cabeza, y sólo me queda meter las cuatro cosas que me hacen falta, las respuestas a las posibles preguntas... Todo va articulado, después de una tarde en la que mi sensación predominante ha sido la de pérdida miserable de tiempo, caída por pozo oscuro de miserias personales... El caso es que si alguien me preguntase cómo he hecho todo, no sabría explicarlo. Entre mis miserias personales se han incluido aguantar el latazo a dos personas que me han dejado peor de lo que estaba. Una con sus apuntes a trabajos idiotas e inviables (músico en un barco, que será cojonudo, pero piden dos, no uno. Además, para eso hay que tener el culo más pelado de lo que yo lo tengo) y ánimos basados en su experiencia personal. Claro, su experiencia personal implica que hizo una sustitución y la chica no se reincorporará nunca. Ya se ha quedado ella ahí hasta que convoquen oposición. O hasta que líe una tan gorda que le abran un expediente. La última que hizo fue marcharse del trabajo porque una amiga había desaparecido y estaba preocupada. Sólo dijeron que pobre mujer, que era muy sentida. Claro.
La otra persona me ha analizado el curro al detalle, comentándome que si no me compensaba económicamente por distancia, que había que mirar cuanto duraba, lo que pagaban... Claro, según eso, o me pagan desplazamientos (es decir, gasolina, mantenimiento y seguro del coche), un sueldo cojonudo y me garantizan que voy a estar ahí cinco años mínimo, o suela.
Eso viene a redundar en lo que yo llevo repitiéndome desde hace tiempo: necesidad de nuevos círculos de amistades. La trampa: ¿donde encuentro gente que se me parezca? Si hasta me he visto haciendo memoria hoy de un ex (uno de los que más daño me hizo al dejarme) y he llegado a la conclusión de que cuando salgo no busco ni siquiera hacer amigos. El miedo es tal a que otra vez me la vuelvan a jugar, que mejor me quedo en casa, satisfecha con mi propia compañía, que no es nada del otro jueves, pero al menos no me va a lesionar más de lo que pueda admitir.
Inercia de nuevo... Las viejas amistades ahí siguen, dando por saco porque no las he mandado a tomar por el mismo en su momento. Y es que tampoco me apetece dar una mala contestación para ver si hacen acuse de recibo.
Inercia... Cosas que se hacen solas, sin que apenas me entere de lo que hago, amistades que reaparecen en el panorama, para cubrirlo de nubes bajas y grises, con repiqueteo de tambores fúnebres a cada paso, aliñados de sonidos/sombras goyescas de la época más tétrica.
Lo único que me salvaría es un grito; un BASTA YA, claro, autoritario, sin histerismos. Mañana más me vale no dejarme llevar por la inercia y tomar las riendas o seguiré en el paro. Y a la vuelta de mi viaje, empezar a ejercer ese stop a las personas. Hasta aquí, y ni un milímetro más. Porque tal vez uno pueda apañarse solo, pero desde luego, uno no puede apañarse si cada vez que levanta la cabeza le boicotean y bombardean en la linea de flotación. Eso es hundido, muerte en aguas frías, y acabar deprimido mirando con cinismo todo lo que te rodea. No, gracias, ya he tenido bastante. Habrá que eercer una nueva fuerza, para cambiar el rumbo que cito en este blog...
La inercia personal es la que te hace trabajar aunque no tengas ganas porque es lo que hay que hacer. Es la que te hace comer aunque no tengas ganas porque si no sabes que no vas a durar ni medio asalto. Es la misma ley que te obliga a seguir adelante porque si no se va todo al carajo.
En estos momentos tengo todo preparado para una entrevista de trabajo mañana (la primera desde que me fui al paro allá por agosto), el coche a punto para enfilar al sitio, que no me queda cerca precisamente. Tengo el taxi reservado porque a la tarde me voy de viaje, la maleta esbozada en mi cabeza, y sólo me queda meter las cuatro cosas que me hacen falta, las respuestas a las posibles preguntas... Todo va articulado, después de una tarde en la que mi sensación predominante ha sido la de pérdida miserable de tiempo, caída por pozo oscuro de miserias personales... El caso es que si alguien me preguntase cómo he hecho todo, no sabría explicarlo. Entre mis miserias personales se han incluido aguantar el latazo a dos personas que me han dejado peor de lo que estaba. Una con sus apuntes a trabajos idiotas e inviables (músico en un barco, que será cojonudo, pero piden dos, no uno. Además, para eso hay que tener el culo más pelado de lo que yo lo tengo) y ánimos basados en su experiencia personal. Claro, su experiencia personal implica que hizo una sustitución y la chica no se reincorporará nunca. Ya se ha quedado ella ahí hasta que convoquen oposición. O hasta que líe una tan gorda que le abran un expediente. La última que hizo fue marcharse del trabajo porque una amiga había desaparecido y estaba preocupada. Sólo dijeron que pobre mujer, que era muy sentida. Claro.
La otra persona me ha analizado el curro al detalle, comentándome que si no me compensaba económicamente por distancia, que había que mirar cuanto duraba, lo que pagaban... Claro, según eso, o me pagan desplazamientos (es decir, gasolina, mantenimiento y seguro del coche), un sueldo cojonudo y me garantizan que voy a estar ahí cinco años mínimo, o suela.
Eso viene a redundar en lo que yo llevo repitiéndome desde hace tiempo: necesidad de nuevos círculos de amistades. La trampa: ¿donde encuentro gente que se me parezca? Si hasta me he visto haciendo memoria hoy de un ex (uno de los que más daño me hizo al dejarme) y he llegado a la conclusión de que cuando salgo no busco ni siquiera hacer amigos. El miedo es tal a que otra vez me la vuelvan a jugar, que mejor me quedo en casa, satisfecha con mi propia compañía, que no es nada del otro jueves, pero al menos no me va a lesionar más de lo que pueda admitir.
Inercia de nuevo... Las viejas amistades ahí siguen, dando por saco porque no las he mandado a tomar por el mismo en su momento. Y es que tampoco me apetece dar una mala contestación para ver si hacen acuse de recibo.
Inercia... Cosas que se hacen solas, sin que apenas me entere de lo que hago, amistades que reaparecen en el panorama, para cubrirlo de nubes bajas y grises, con repiqueteo de tambores fúnebres a cada paso, aliñados de sonidos/sombras goyescas de la época más tétrica.
Lo único que me salvaría es un grito; un BASTA YA, claro, autoritario, sin histerismos. Mañana más me vale no dejarme llevar por la inercia y tomar las riendas o seguiré en el paro. Y a la vuelta de mi viaje, empezar a ejercer ese stop a las personas. Hasta aquí, y ni un milímetro más. Porque tal vez uno pueda apañarse solo, pero desde luego, uno no puede apañarse si cada vez que levanta la cabeza le boicotean y bombardean en la linea de flotación. Eso es hundido, muerte en aguas frías, y acabar deprimido mirando con cinismo todo lo que te rodea. No, gracias, ya he tenido bastante. Habrá que eercer una nueva fuerza, para cambiar el rumbo que cito en este blog...
miércoles, 10 de noviembre de 2010
CONTROL...CONTROL...
¡Uf! Hoy he perdido los nervios. No me pasaba desde hace muchísimo tiempo, y aunque no he llegado a realmente descontrolarme, cerca hubiera andado de haber tenido algún impresentable al lado.
Cada día me cuesta más controlarme en casos de injusticias manifiestas, y cada día llevo peor soportar diferentes cosas.
Supongo que deberé hacer yoga o algo similar, porque de seguir a este ritmo, o me da un infarto, o acabaré cometiendo una locura de las gordas. Por todos los demonios, creo que voy a tomarme un valium. Qué mal llevo las memeces...
Cada día me cuesta más controlarme en casos de injusticias manifiestas, y cada día llevo peor soportar diferentes cosas.
Supongo que deberé hacer yoga o algo similar, porque de seguir a este ritmo, o me da un infarto, o acabaré cometiendo una locura de las gordas. Por todos los demonios, creo que voy a tomarme un valium. Qué mal llevo las memeces...
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